La vida es bella

La vida es bella

jueves, 2 de julio de 2009

Morena


Más que el color de la rosa,
más que el frescos de la brisa,
me cautiva tu sonrisa
y tu mirada piadosa.
Al contemplarte, graciosa,
caminar por el sendero
te sale al paso un te quiero
que se me escapa del pecho;
y te persigo, te acecho,
por este amor que me muero.

Todo lo bello del mundo
se encierra en ti, morenita;
por tus encantos mi cuita
y este cariño profundo.
no tengo paz un segundo
cuando te encuentras ausente;
aunque murmure la gente,
no puedo acallar mi pena,
ni hacer la angustia serena,
¡si hay un volcán en mi mente…!

Temblor de pichón herido
tienen tus senos traviesos,
y en la gloria de tus besos
de mis anhelos el nido.
En tus pupilas, dormido,
cálido mar de ternuras,
lenitivo de amarguras,
rocio de la esperanza,
donde nace la confianza
de curar mis desventuras.

Cómo padezco por verte,
enamorada, en mis brazos,
para entregarte a pedazos
el corazón y mi suerte.
Como quisiera tenerte,
en una noche de luna,
sin vestidura ninguna
que oculte lo que presiento,
para que pregone el viento
¡lo inmenso de mi fortuna!



Luis Edgardo Ramirez
Venezolano

Besos




En la luz de las estrellas,
en la niebla mañanera,

en las sombras de la noche,
en la brisa que te envuelve,

en la voz que te acaricia,
en el agua que te baña,

¡te envío besos, besos, besos,
un diluvio de besos…!

en el aire que respiras,
en el canto que te arrulla,

en el rouge para tus labios,
en la prisa de tu pulso,

en el sol que te despierta,
en la flor que te perfuma,

cuando ríes, cuando lloras,
cuando sufres, cuando cantas.

¡te envío besos, besos, besos
un diluvio de besos…!

en la seda del corpiño,
en las sábanas del lecho.

en la túnica que ciñes,
en el fuego de tu sangre,

en las ansias que te abrasan
y el deseo que te inquieta,

por las noches, por el día,
donde estés, adonde vayas,

¡te envío besos, besos, besos,
un diluvio de besos…!



Luis Edgardo Ramirez
Venezolano

Amor


Te vi,
te amé,
callé,
sufrí.

Lloré,
sentí,
morí,
recé.

Con fe,
dolor,
se fue.

Por fin,
amor,
carmín.

Luis Edgardo Ramirez
Venezolano

Ausencia


Aunque jamás mi corazón abriga
miedo al dolor ni se rindió al quebranto,
hay una herida en mi alma que me obliga
a humedecer mis parpados en llanto.

¡Que débil soy! En vano he procurado
callar la voz que en mi interior resuena;
esa voz de las tumbas que ha brotado
en una noche de recuerdos llena.

¿Te acuerdas de esa noche? Conmovida
me mirabas, hablando de ventura,
y borradas del libro de mi vida
con tus besos las hojas de amargura.

¿Te acuerdas? ¡Cuantas ilusiones bellas
formaron la luz de nuestro anhelo!
¡Cuantas frases oyeron las estrellas
sonar cruzando la extensión del cielo!

Solos los dos, amándonos ardientes,
sin más testigos que la blanca luna,
que alumbraba, bañando nuestras frentes,
dos existencias palpitando en una.

Amándonos los dos con la creencia
de nunca separarnos en el mundo,
sin esta tempestad en la conciencia
que torna en llanto nuestro amor profundo.

De aquella noche que dejó en nuestra alma
una historia de amor y desvaríos,
parece hoy que la atmósfera de calma
vuelve a juntar tu corazón y el mío.

Me acuerdo de las nubes azuladas
en el brillante cielo suspendidas,
de tus horas lentas campanadas,
de tus promesas dulces y queridas.

Me acuerdo de tu aliento soberano,
que abrasaba mis labios con su fuego,
y de tu mano que estrechó mi mano
como queriendo contestar a un ruego.

Y hoy, ausentes, sin versos, sin que pueda
oír tu voz ni contemplar tus gracias,
sin enjugar la lágrima que rueda
de cada una de todas mis desgracias.

¡Ay! Ven; que rompa tu pasión los velos
que hoy nos apartan, y mi angustia cese;
ven, yo haré de cada astro de los cielos
un ángel que te cuide y que te bese.

No consientas que sufra; yo te llamo;
ven a alumbrar mi lóbrega existencia;
tú sabes que soy tuyo, y que te amo
como él único Dios de mi conciencia.

Tú, la amorosa y única testigo
de mi honda pena y de mi suerte impía,
ven, porque sufro; ven, y halle contigo
dulce consuelo en la desgracia mía.

La flor de nuestro amor guarda en su broche
un mundo de pasión y bienandanza;
ven, y encendamos como aquella noche
un nuevo astro de amor y de esperanza.

Juan de Dios Peza
Mexicano

Arréglese



"Arréglese al estado como se conduce a la familia,
con autoridad, competencia y buen ejemplo."

- Confucio

miércoles, 1 de julio de 2009

Se desvanece


"La ira es el huracán que oscurece los pensamientos y desvanece los sentimientos"
- Espe


Prohibido


"La libertad no puede ser concedida graciosamente;
tiene que ser conquistada gloriosamente."

- Max Stirner